Quilla Resources presentó una de las metas de crecimiento más ambiciosas entre las compañías cupríferas de mediana escala en Perú. La empresa proyecta triplicar su producción anual de cobre, pasando de las actuales 10.000 toneladas a unas 30.000 toneladas de cátodos por año mediante la expansión de su proyecto Chapi, ubicado en la región de Moquegua.
El plan se apoya en una ventaja estratégica que pocas compañías poseen: la posibilidad de expandir producción utilizando infraestructura ya existente. Según explicó el CEO Víctor Gobitz, la operación actualmente trabaja aproximadamente al 50% de su capacidad instalada, lo que permite pensar en un crecimiento significativo con menores requerimientos de inversión y procesos ambientales más simples que los de un proyecto completamente nuevo.
La expansión estará sustentada por el desarrollo de los yacimientos Chapi, Atahualpa, Pampanero y Candelaria. Para avanzar en esa dirección, la compañía mantiene una campaña activa con cinco equipos de perforación y reanalizó más de 600.000 metros de información histórica acumulada durante décadas de actividad minera en la zona.
Otro elemento que juega a favor del proyecto es su ubicación. Chapi forma parte de uno de los corredores cupríferos más importantes de Perú, compartiendo entorno geológico e infraestructura con operaciones de escala mundial como Cerro Verde, Cuajone, Quellaveco y Toquepala. Esa concentración de proveedores, servicios especializados y conocimiento técnico reduce riesgos y mejora competitividad para futuras expansiones.
La inversión necesaria para alcanzar la nueva meta productiva se ubicaría entre US$200 millones y US$300 millones. Para financiar esa etapa, la compañía analiza una eventual salida a la Bolsa de Toronto, una de las principales plazas financieras del mundo para empresas mineras.
El caso de Quilla Resources refleja una tendencia cada vez más visible en la minería latinoamericana: compañías que buscan crecer no necesariamente a través de nuevos descubrimientos, sino optimizando activos existentes, ampliando capacidad instalada y aprovechando infraestructura ya desarrollada. En un mercado donde el cobre continúa ganando protagonismo global, esa estrategia puede convertirse en una de las formas más eficientes de acelerar producción en los próximos años.